
- La antropológica, que versa sobre el modo de concebir y presentar la persona humana y la vocación; Se trataría de que la cultura vocacional evite una visión subjetivista que convierte al individuo en centro y medida de sí mismo, que entiende la realización como defensa y promoción de sí mismo y no como apertura y donación.
- La educativa: que trata de favorecer una propuesta de valores a tono con la vocación; El Papa se refirió a la «urgencia de promover las que podemos llamar “actitudes vocacionales de fondo”, que originan una auténtica “cultura vocacional” ». Esas actitudes son:o la formación de las conciencias,o la sensibilidad ante los valores espirituales y morales,o la promoción y defensa de los ideales de la fraternidad humana, del carácter sagrado de la vida humana, de la solidaridad social y del orden civil.
- La pastoral: que subraya la relación entre vocación y cultura objetiva y saca conclusiones para el trabajo vocacional. La vocación inyecta en la cultura energías nuevas, expresando simbólica y realmente los valores de los que ha surgido y que la sostienen. La aceptación de las vocaciones cristianas de parte de una cultura depende de sus características, pero también de lo significativo que sean esas vocaciones. Son significativas y arraigan en la cultura cuando responden a expectativas profundas y a aspiraciones legítimas. Surge, por lo tanto, para los agentes de pastoral vocacional la continua tarea de realizar una propuesta pastoral que responda a los desafíos propios de la cultura actual.
Para Sánchez Barba fomentar una “cultura de la pastoral vocacional marista” en el Instituto, significa promover una mentalidad entre todos sus miembros para que busquen dar una respuesta adaptada a los tiempos actuales, comenzando con el testimonio de vida y, a la vez, respecto a una forma diferente de “hacer” Pastoral vocacional, en la cual todos nos sentimos implicados (Cf Constituciones 94). Por ello, realiza las siguientes consideraciones:
En la carta de apertura del Año vocacional marista, ¡Reavivar el Fuego!, El Hno. Superior General hizo mención al tema de la cultura vocacional ofreciendo sugerencias concretas respecto a un plan concreto y bien elaborado: «Hoy, muchas personas usan la expresión cultivo de las vocaciones (cultura de la vocación) para describir el entorno favorable que necesita una vocación para arraigar y florecer. Tú y yo podemos promover este cultivo (esta cultura) en todo el Instituto el próximo año si creemos que existen vocaciones para el Instituto de Pequeños Hermanos de María y que, con la gracia de Dios y el trabajo de los hombres, las podremos encontrar y cultivar» .
A continuación ofreció una serie de ideas prácticas que un plan debería comprender para desarrollar tal cultura:
• Todo plan tiene que ser global y debe incluir en sus detalles a todos los componentes de la Provincia o Distrito, así como a cada comunidad y obra apostólica.
• Asegurar de que en el plan estén todos los que comparten el carisma de Marcelino y que quieren implicarse en el trabajo de pastoral vocacional.
• Al redactar el plan, concentrarse más en lo que se puede hacer y no en lamentarse por las cosas que no se pueden cambiar (haciendo referencia a situaciones de la sociedad actual, las cuales no está en nuestras manos el cambiarlas fácilmente).
• Se trata de invitar de nuevo a los jóvenes a abrazar nuestra vida y misión y de abrirles nuestras casas y nuestro corazón.
• Se trata también de ayudar a estos jóvenes, a sus padres y familias, así como a la Iglesia en general, a comprender mejor todo lo que ha acontecido en la vida religiosa y en nuestro Instituto durante estos casi 40 años que han pasado desde la clausura del Conci¬lio Vaticano II.
• Al elaborar el plan, asegurarse que esté adaptado a la cultura en la que nos encontramos.
• No olvidar detallar en el plan lo que cada quien prevé hacer personalmente para promover las vocaciones a la vida marista.

No hay comentarios:
Publicar un comentario